2 utopías

Utopía 1: Escalador deportivo

Joan acabó las clases como cada lunes y se dirigió a su escuela de escalada favorita.

Llegó en apenas unos minutos gracias a su transporte y atravesó la entrada, autorizado automáticamente al ser reconocido su iris.

Entró en la sala multifunción y se cambió de ropa.

Se acercó al pequeño panel de la pared y tecleó: FRANKEN-AD

Instantáneamente la sala se transformó en una reproducción perfecta de un bosque centroeuropeo. La temperatura y humedad se adaptaron. La vista podía perderse en el bosque y no ver ya sala alguna, el ambiente era limpio y fresco, se podían oir pájaros cantar, el Sol se filtraba entre las hojas y calentaba suavemente la piel. Era Primavera, las condiciones eran perfectas.

Caminó unos pasos para ponerse bajó el desplome de roca gris que tenía delante. Estiró suavemente durante unos minutos y luego se puso sus pies de gato.

Empezó subiendo la rampa fácil de unos tres metros que llevaba al inicio del desplome, dejando atrás los primeros parabolts sin tan siquiera mirarlos. Se equilibró con un invertido, cogió un monodedo para colocarse y saltó, al más puro estilo Iker, a cazar un segundo monodedo. Aguantó el péndulo de todo su cuerpo sintiendo que su dedo se iba apartir en dos. Colocó pies, ya en pleno desplome de 45 grados y se cruzó a la derecha buscando canto.

Los movimientos eran precisos y decididos, sin dudas ni titubeos. Otro monodedo, una regleta, cambio de pies… la respiración se aceleraba y paró a descansar de un pie y una buena presa.

¡Mierda, mierda! susurró, aunque estaba sólo. Ahora tocaba lanzar cruzando a un lateral de derechas pero estaba fundido. A más de 15 metros del suelo la cosa estaba complicada.

Finalmente lanzó y… ¡falló!

Cayó agitando pies y brazos y acelerando en décimas de segundo hacía el duro suelo de hojas secas.

Su cuerpo se detuvo a unos centímetros de suelo y las luces de la sala se iluminaron.

¡Mierda! Nunca me saldrá. Fué al panel y tecleó: JKZZI

La sala se transformó en un vestuario con jacuzzi y mientras se desnudaba pensó que aunque el 8c a vista estaba controlado, aún le quedaba un poco para el 9a.

A este paso no le valía la pena ni apuntarse al campeonato amateur del campus.Aún tenía mucho que entrenar.

¡¡¡Él que había pensado que esto de la escalada era fácil cuando se apuntó a clases el pasado cuatrimestre!!!

(Homenaje a W. Güllich 1.960-1.992)

Utopía 2: Escalador clásico (mismo día, diferente realidad)

Joan llegó resoplando al final de la tartera. Tras dos días caminando por la reserva natural había llegado por fin a pie de pared.

Ante él tenía la vía. Su reto personal. No era difícil de identificar.

Miró la pared de roca con respeto. Se apreciaban cantos, fisuras y repisas pero aún así se preguntó si estaría a la altura.

Sabía perfectamente que era él contra la pared. Nadie ni nada más. La soledad era absoluta.

Cualquier ayuda tardaría días en llegar pues los transportes artificiales estaban vetados en todas las reservas naturales desde hacía siglos. Eso si pudiera pedir ayuda, cosa nada fácil, puesto que tampoco se podían introducir elementos electrónicos y no tenía manera de comunicar con el mundo.

Se notó nervioso. Dejó la mochila. Se sentó un rato con las piernas cruzadas. Se relajó dejando su mente en blanco y concentrándose en su respiración. Calmó su mente. El silencio era casi absoluto, se oía trinar algún pajaro a lo lejos, muy lejos, abajo, y también se oía de tanto en tanto el zumbido cortante que hacían las alas de los buitres al volar sobre la pared.

Tras años de preparación ahora no podía echarse atrás, no debía amedrentarse. Dejó todo peso superfluo: sólo ropa cómoda y pies de gato. Y empezó a escalar por la fisura más marcada.

Los movimientos eran lentos, suaves, seguros. Aunque de tanto en tanto rectificaba su posición y miraba de nuevo arriba. Intentando desentrañar lo que le esperaba, afianzando cada postura y respirando profundamente. Ahorrando fuerzas y asegurando cada paso.

Algunos minutos después estaba ya a gran altura sobre la tartera y afrontaba el paso más difícil. Conocía las historías, casi leyendas, de este corto tramo.

Las manos le sudaban, pero no hubiera sido ético llevar magnesio. Ante él una sección más vertical y con pocos cantos. Un fallo significaría una caída de casi 100 metros y una muerte rápida (y no sería el primero).

Dudó unos instantes y afrontó la sección difícil de apenas 4 o 5 metros. Los sentimientos se agolpaban en su mente y corazón, y la adrenalina empujaba su organismo. Movimiento tras movimiento la fué superando. Apenas un temblor en su pierna, ya casi saliendo a una repisa salvadora, reflejó la fuerte tensión interior .

¡El paso más difícil había sido superado!

Siguió escalando durante horas, ya por rampas fáciles aunque no exentas de riesgo, y al atardecer salía por la parte alta de la gran pared.

Se tumbó exhausto y dejó que el viento de la tarde le refrescara, que la rojiza luz del Sol poniente le calentara. Ahora sólo quedaba un paseo de casi un día hasta el pie de vía y de vuelta a la civilización del siglo XXV.

Una euforia infinita bañaba todo su cuerpo.

Los años de entrenamiento mental y físico habían valido la pena. Por fin… ¡por fin había escalado su primera vía de quinto grado!

(Homenaje a Paul Preuss 1.886-1.913)

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